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martes, 29 de diciembre de 2009




Me late el cuerpo como si tuviera un volcán bajo la piel, pero tengo frío... Es extraño
Camino por mis calles con el paso de una extraña, echando de menos el calor. Madrid pierde su magia los días grises, y yo con ella las ganas de vivir. Aunque suene un poco radical.
Sol está transformado: pasamos de hablar de "Madrid en obras" a "Madrid en charcos"
Chapoteo estropeando todo lo que se me ocurre vestir dejando huellas de agua sobre huellas de recuerdos. Se me eriza el pelo, se enrojece la piel, me siento triste.
Corro entre la gente levantando el paraguas, irritada por su paso lento, no soporto andar como si me pesara el cuerpo. La gente me mira intrigada, ¿dónde irá tan rápido?
¡Y dónde vas tú tan despacio!
Me gusta sortear el tráfico de peatones, es como un juego. Te veo en cada reflejo de coches volando entre nubes de agua proyectada.
Te echo de menos todavía, el cambio de año no ayuda.
Te encuentro a veces entre la gente, durante un segundo revuelves mi pelo como solías hacer, sonríes y desapareces. Como antes, exactamente igual.
Bueno, te lo cuento para no romper tradiciones. De todos modos nunca esperaba respuesta de ti.
Me siento rara, ¿sabes? Los días pasan voraces y no entiendo nada. Me aprieta el corazón pidiendome a gritos algo, y no quiero pasar más días sin saber qué quiero. Que sí, que sí, no lo digas más veces. Sí que sé qué necesito. Pero es difícil reconocerlo
Y me da miedo. Pánico mejor dicho



Él

Foto: Roci Esperilla (nieva en atocha)

martes, 8 de diciembre de 2009

Chicas que se esconden debajo del puente




Cruza la calle en silencio, un pie detrás de otro,
con ruido de tacones que recuerdan besos rojos de sed
Que difícil es saber que todos te miran y traspasan tu cuerpo
que todos te tocan pero nadie llega.


Has congelado el tiempo hasta hacerme sentir que vivo en ralentí, que sólo se acelera el pulso cuando te veo, el instante antes de besarte, el segundo fugaz de cruzar tu puerta y colgarme de tu cuello. Me marea, me da vértigo.
Me atropellan los peatones sin nombre,con vidas que se extinguen al doblar la calle. Con un universo propio tan pequeño como el que cabe en mi pensamiento un segundo. Las arterias de la ciudad fuman el humo de coches y coches muertos,con conductores autómatas, que duermen, desayunan café con hielo, se levantan, corren, vuelven a dormir... Esa no es forma de vivir.
Y el metro ahora me parece demasiado pequeño para ti, traspasas las ventanas sucias con tu luz, desbordas mis pasos de ganas, de ansias. Estoy en una nueva dimensión. Veo el mundo desde tus ojos. Y me gusta, me gusta hacerlo