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domingo, 20 de junio de 2010

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Vete despacio por el camino en que has venido, no me daré casi cuenta. La vida me enseña que nadie se queda, a nadie le importa, nadie se interesa. Borra esa mueca de pena, aunque llore, casi no me duele. Casi no me hace falta.

Deja de suspirar de impaciencia, que lo que no te digo lo llevo escrito en la frente. Párate a mirar, y deja de verme. Que crees que me sabes y me etiquetas, crees que te tengo, y te alejas. Crees que soy de piedra, y me deshaces en arena.


¿No te das cuenta de que nada es como antes? Conservamos la misma piel, pero se nos borran las certezas. Auditorio lleno de gente, y si giro la cabeza ya no hay oyentes.


Los golpes que más duelen son en la frente. Chocar con la realidad.
Impotencia.
Rabia.
Soledad... Siempre tan rodeados de gente.




F. Londres

jueves, 17 de junio de 2010

Libertad condicional



Miro por la ventanilla y se me atragantan las lágrimas. Aceleras, subes la música. Gritas mil preguntas, y no esperas a que diga nada. Vuelve la quemazón en la boca. Me haces sentirme estúpida. Palabras al borde de la lengua, vibrando en la garganta.

Dolorosa impaciencia, que cuando me alcanza, se cansa.

Seguimos en realidades paralelas separadas por una mampara. Te miro desde el cristal, y aunque me intuyes, no puedes verme la cara. En el bolso, piruletas, para mantener la boca ocupada. Los besos son más fáciles que las frases extirpadas.

Subo al escalón, y un poco más cerca del cielo. "No me eleves si te vas mañana".

Debí decirlo a tiempo.

No me hagas sentir frágil para nada.

lunes, 14 de junio de 2010


A veces
Pasamos la vida esperando a que piquen peces
Muerde el tiempo la trampa del anzuelo
Y lo soltamos, para que vuelva a la corriente

Y nadamos
siempre intentando vadear por la orilla...
...a sabiendas que el agua nos cubre el cuerpo
y no hay más salida que bucear en los miedos

Y cuesta
Cuesta llegar, cuesta estar, cuesta mantenerse
Cuesta marcharse, volver, ausentarse
Cuesta pedir perdón, cuesta equivocarse

Asumir
Que si soltamos la caña, es porque somos cobardes
Que si queda vacío, es porque nada alcanza a llenarte
Que si ya te has ido, es porque no quieres quedarte

Y seguir
Aunque duela estar, sin saber quien se queda
Quien a amarte llega
y quien mañana parte

Seguir
Aunque nunca lleguemos a saber
El por qué de tantas cosas, tantos gestos
Y tantas frases



Foto: Manzanares

sábado, 12 de junio de 2010


Las diez de la mañana y parecía que la lluvia iba a romper los cristales de la ventana. Dios... Que sed tenía. Era imposible dormir contigo al lado, roncando, quitándome las mantas y con la persiana estropeada. Baño de luz y de agua porque la ventana estaba un poco abierta, y yo sólo quería espacio, un zumo y levantarme despacio. Tú siempre preocupado por tu tiempo, por las horas. Yo mirando el techo con ganas de saltar en el colchón y gritarte como una loca. Tú siempre distante, tu concepto de cercanía, dormir juntos en 2'10 por 90 cm mientras que yo prefería dormir sola. Y ya ves. La poco romántica acaba siendo la tonta. Y ya ves, sucedió lo que te dije que pasaría. Para vivir a medias, siempre mejor hacerlo a mi bola.

Tú empeñado en que necesitaba príncipe y castillo, anillo, casa en el campo y niños. Y yo que esa mañana sólo quería un abrazo y que me contases algo al oído... Debiste decidir que para ti no era media naranja, sino mandarina. Que yo necesitaba un mundo y tú no podías dármelo. Que lo que quería no estaba al alcance de tu mano.

Y yo que sólo te pedía un zumo...




Foto: Y no lo hacía

martes, 8 de junio de 2010

Automático

Sube las entradas del portal despacio y con las suelas de los zapatos húmedas. Es el ritual de cada verano: A las nueve y media todos los riegos de la urbanización convierten las aceras en charco. Apesta a cloro, a césped recién cortado, a cómoda burguesía que en realidad no se parece demasiado a cómo la describen en todos los libros. No imagina a ninguna vecina del bloque 3 follándose al socorrista cuando su abogado-marido sale a trabajar. El socorrista al fin y al cabo tampoco es tan guapo, ni las mujeres se conservan tan bien después de tres partos.

Junio es el mes de tránsito para ella. La primera tormenta de verano siempre es justo antes de abrir la piscina. La semana anterior, cuando aprieta el calor en la capital, se siente todavía desnuda sin vaqueros, aunque por las mañanas abra la ventana y respire aire estival: más riegos y más césped fresco, el sol algo bajo de las 10, coches silenciosos circulando a 50 por el parque de enfrente. Es curioso, ¿Qué sería de su idea de verano sin tanto riego?

La tormenta lo cambia todo. La piel desnuda parece aún más blanca sin sol cegador, caen las temperaturas, pero no lo suficiente como para volver a los pantalones. Se tumba con anhelo en la toalla y bajo la sombrilla pidiendo a gritos con los ojos calor. Bien sabe que mes y medio después estará harta, pero no importa.

Esta noche no son los riegos los que empapan sus sandalias. Muchos años viviendo allí conducen directamente a caminar por la calzada. La lluvia ha calado el parque, y tan distraída como estaba, fue a parar directamente a la arena húmeda. “Huele a tierra mojada…” Su madre siempre dice eso, con una mueca de placer en la cara. No hay truenos en el pequeño oasis, ya no cae una gota, pero dentro de ella diluvia. Desde el salón gritan que entre, que va a coger una pulmonía, que fuera la noche es fría y que ya tendrá tiempo para mecerse en la hamaca. “En la imitación de hamaca”, piensa con una mueca divertida. La terraza es pequeña, los placeres hay que tenerlos a medida. Suficientemente grande como para mirar recostada y con los pies en una silla, el cielo azul, los árboles y los edificios bajos.

Ese guiño, intento de risa, dura solo un instante. Necesita una manta y aprender a relajarse. En el fondo sabe bien que todo es fruto de su cabezonería, de su idealismo, “pero no será tan ficticio cuando me duele”, y se seca lágrimas rebeldes. No se plantea si se rebelan por salir, o por no hacerlo. A veces sentir pena es preferible a sentir vacío.

Mañana luce el sol, verás. Se repite.

Mañana empieza la cuenta atrás para abandonar la ciudad. Mañana diluyo la cabezonería en un baño en la piscina helada. Mañana me encuentro a mí misma bajo el sol que pica y quema la piel, y se tuestan las penas. Así es más fácil borrarlas. Mañana la rabia me la dejo en casa.

Mañana se hace tarde, y me canso de pensar tanto, y para nada.

Resquebrajado

Dices que tienes corazón, y sólo
lo dices porque sientes sus latidos;
eso no es corazón... es una máquina
que al compás que se mueve hace ruido.


Bécquer

domingo, 6 de junio de 2010

No te pares a mirar



Allí donde perdí el Norte y me deshice las ganas,
rincón contra la pared desgastado de tanto pensar
Dormíamos tardes y noches, siempre buscando
el silencio posterior a la intimidad superficial.

Instinto animal que detuvo las horas
Reanuda el acto de despedida, vuelve a empezar.
Gemidos mecánicos de pena, ruido de llantos
De prisas, de secretos, murmullo de ciudad.

Vecinos en este campo de asfalto
Con banda sonora dolorosamente artificial
Suenan a cliché los pasos descalzos
sobre el suelo ardiente que nos separa, otra vez más.

Recuerdos devuelven los versos lejanos
de un tiempo en que amar no era luego olvidar
Y los dedos no rozaban aire, ni los brazos espacio
Vacío en la cama, silencio sepulcral.




Foto: Madrid

sábado, 5 de junio de 2010

Al dente




Cerca del final, donde todo empieza
Siempre sabe a farsa.

Dilapidar decisiones es cosa de la masa, pero esta noche...
cuando todo me sobra y nada me basta
Malgasto tiempo y saliva,
las concesiones son utopías
cuando a la vuelta de la esquina todo cambia.

Noria de feria de donde bajo de un salto.
Cansados de tanto sobresalto
Los días me cobran muy caras las penas
Y hartarme de todo es condena

Déjame fuera
Si es que tanta rabia te quema

Recuerdos en botellas, en estanterías
Te quedas en el punto de inflexión
Rayo de luz y refracción
Con esa carita todo cambia
Pero... Te pienso y me dejo de tonterías
Aunque te recuerde y me tiemble la barbilla




Foto: Prohibido el paso

jueves, 3 de junio de 2010

A ninguna parte


Desde el parque se veía Madrid tras una carretera a ninguna parte
Destino incierto que no nos preocupaba, nada relevante
Excepto la duda y las constantes ganas de salir a buscarte.

Nos hicimos de silencios y de interpretaciones fugaces
¿Cómo iba a amarte si nunca sentí que te interesase?
Rápido y eficaz, a corto plazo, siempre distante

Pero tú solías creer que era demasiado tarde
Y yo seguí perdida con la cabeza llena de aire
Sin dudas de humo de las que sacarte.

¿Debí llamarte cobarde por no lucharme?
O quizá valiente por renunciar a la comodidad de besarme
Y aguardar con la mirada perdida en un punto del parque

Sin seguir, sin parar
Sin meta a la que llegar, por no soñarme

Nos fuimos sin preguntas,
Así, no hubo respuestas que darte




Foto: Siempre en el tren, hacia ninguna parte